Crónica de apremios ilegales en la comisaría de Frontera

"Hay un fusilado que vive", le dijeron a Rodolfo Walsh. Acá en San Francisco, la frase que escuchamos, ese jueves 22 de mayo de 2014, fue: "Hay un crucificado que vive". Hoy repasamos la historia de una "broma" policial que tuvo repercusión internacional y que desnudó un escándalo de apremios ilegales en la comisaría de Frontera, costándole la carrera a sus responsables. Doce policías fueron detenidos en un primer momento y mucha gente se movilizó para pedir su liberación.
Por Manuel ontali | LVSJ
"No robarás", decía la leyenda en esa cruz, como si fuera un cruce de simbologías entre Cristo y los ladrones.
En esa madrugada fría cercana al invierno, del 22 de mayo de 2014, a través de un llamado anónimo cerca de las 2, la policía de San Francisco había sido alertada sobre la presencia de una persona en situación bastante llamativa en el cruce de Bv. 25 de Mayo y Sabattini.
En ese Gólgota callejero, desde hacía una media hora, estaba Víctor Robledo, un joven de 27 años. Lo habían encintado, cubriéndole el rostro y dejándole apenas la nariz libre para respirar, atándole además los brazos a una tabla de madera, como si fuera una cruz. En el estómago tenía el cartel: "No robarás". Presentaba un cuadro de hipotermia y fue trasladado al Hospital "J. B. Iturraspe", donde se recuperó. Tenía miedo, además. Pero cuando se sintió seguro, habló. "Fue la policía de Frontera -dijo-. No tienen moral".
La noticia fue una bomba que fue replicándose en todos los portales de noticias más importantes de Hispanoamérica, cruzando más de un charco. Un crucificado, en pleno siglo XXI, no daba para menos.
Robledo, domiciliado en la vecina ciudad santafesina, aseguró que lo habían detenido en su casa a las 7 del día anterior, por un incidente callejero en el que no había tenido participación. Se supo con el correr de las horas que poseía antecedentes policiales menores. Extraoficialmente se rumoreaba que la "crucifixión" era la metodología particular con la que la policía quiso poner de manifiesto su reincidencia delictiva.
Tras el hecho, LA VOZ DE SAN JUSTO fuer el primer medio en entrevistar a Robledo.
Del crucificado al apocalipsis
La acusación de Robledo fue la primera, pero no la única. Otras personas que habían sido detenidas en la comisaría 6ª de Frontera fueron dando testimonio de lo que pasaba rejas para adentro: lo más común, casi un clásico, los golpes. También hubo denuncias de personas privadas ilegítimamente de la libertad en procedimientos muy irregulares, y otras aberraciones: presos a los que hacían beber su propia orina o comer excrementos.
Para la comisaría de Frontera, fue un apocalipsis. Toda la cúpula fue removida y doce policías fueron detenidos por estas acusaciones, bajo orden del fiscal Martín Castellano, de los Tribunales de Rafaela.
En esta ciudad santafesina, que desde hace décadas acumula un índice alto de gente bajo la línea de la pobreza y que suele saltar a los noticieros por hechos delictivos, mucha gente se movilizó en defensa de los policías detenidos, con carteles en donde pedían libertad para los oficiales y prisión para Robledo. Y si bien la mitad de los oficiales recuperó rápidamente la libertad, más de una carrera se truncó por el efecto dominó que se desencadenó con el crucificado.
Carlos Flores, principal responsable de la comisaría al momento de ocurrir este hecho, quedó detenido junto al exsubjefe de la comisaría Francisco Germán Campos, el sargento Leonardo Gómez, los suboficiales Gabriel Gerbaldo y Raúl Monge, y Alejandro Farías.
A fines de mayo de 2014, la Justicia les impuso una fianza a Flores, Campos y Gómez; mientras que los otros tres sospechosos quedaron absueltos por este caso, aunque continuaron siendo investigados por la acusación de torturas contra presos.
Flores, en 2016, terminó recibiendo una condena de seis años de cárcel, pero no por la crucificción, sino por una supuesta tentativa de homicidio y lesiones graves con arma de fuego.
El crucificado, otra vez noticia
Robledo, su esposa y sus dos hijos se mudaron a Rosario a finales de 2014 y se le perdió el rastro por un tiempo. El crucificado que vive volvió a ser noticia en septiembre de 2017, cuando fue detenido nuevamente en Frontera, esta vez acusado de amenazar con arma blanca a una mujer policía, a su madre y a otro oficial (que según algunas versiones había estado involucrado en su crucificción). La comisaria 6ª ya era otra. De todas maneras, igual, por las dudas, lo alojaron en Rafaela.